
En mis recorridos he conocido a miles de chilenos, sus historias, sus sueños, sus dolores pero también sus éxitos.
Esos anhelos son los que quiero que los chilenos puedan volver a recuperar.
Seguridad, paz, caminar de día y de noche, volver a vivir sin miedo, sin peligro por nuestras calles. Entregarles a nuestros hijos la mejor educación en libertad y que sean los padres los que puedan elegir el proyecto educativo que quieren para sus hijos.
Necesitamos tener ese coraje, esa audacia que nos permita romper con la inercia y la
resignación. ¡Chile requiere un cambio radical para recuperar el país que hemos
perdido y que millones sueñan con reconstruir!
No hay tiempo para medias tintas.
O hacemos lo necesario, o seguiremos hundiéndonos en una crisis que puede ser
irreversible. Nuestros hijos nos juzgarán el día de mañana. Ellos necesitan crecer
seguros y desarrollarse con esperanza.